Después de un año y medio fuera de las pistas, Lucila Agüero volvió a competir. A sus 27 años, combina trabajo, emprendimiento y pasión por el automovilismo, siempre con un objetivo claro: seguir acelerando en el karting y pelear un campeonato.
Lucila Agüero encontró en el karting mucho más que un pasatiempo: un territorio donde forjó carácter entre motores, manos engrasadas y metas claras. Empezó a los 15 años en el kartódromo Estornell y, a pesar de enfrentar rivales con más edad y oficio, se subió al podio desde el inicio. Esa primera temporada como subcampeona confirmó que su lugar estaba en la pista.

Hoy, con 27, administra su tiempo como si fuera una clasificación: trabaja en la Universidad Siglo XXI, impulsa un emprendimiento de indumentaria y, junto a su papá, ajusta el chasis y cada detalle del kart. Entre idas y vueltas de la actividad local, atravesó períodos largos sin competir, pero siempre volvió. Porque para Lucila, el automovilismo es escuela de vida: “El deporte me enseñó a luchar por lo que quiero.”
El regreso llegó este año y la encontró midiéndose en Mendoza, dentro de la Super 4 Tiempos, un semillero feroz donde cada décima cuenta. Allí la preparación técnica, la búsqueda de apoyo y la constancia pesan tanto como el talento. Y en ese escenario, su objetivo no admite rodeos: “Quiero ganar en la Super 4 Tiempos y pelear un campeonato.” Cada largada es una oportunidad; cada curva, un recordatorio de que la pasión no se negocia. Con el impulso de su familia y la experiencia acumulada, Lucila acelera hacia lo que viene, convencida de que el camino —aunque exigente— vale la pena.