13 julio , 2024
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Karim Adarvez, el judoca que mantiene viva la llama en cuarentena

Su llegada al mundo del judo no fue por casualidad. Tal vez, cuando transitaba su adolescencia, en sus entrañas retumbaba una voz que le pedía a gritos lo que su boca no podía pronunciar. Y aunque él afirma que a pesar de todo nunca se sintió víctima de bullying, sacó lo mejor de sí para esa trasformación física, mental y emocional, en el deporte que hoy, después de una década, es su estilo de vida. Por estos días, se prepara a conciencia pensando en los torneos internacionales a futuro. 

 

Parece que Karim Adarvez hace de memoria el ritual de dos vueltas de cinturón al uwagi, (la chaqueta del judoca), pero seguramente, en cada entrelazado repasa los torneos que supo cargarse al hombro, y que hoy a sus 24 años avizora un horizonte lleno de metas, esperando por las competencias ni bien la pandemia del COVID 19 comulgue con eso que conocíamos como la ‘normalidad‘.  El encuentro se dio con el protocolo de rigor  en el gimnasio ubicado en Ameghino a metros de Córdoba, en Capital. Pero el carisma, disciplina y la seguridad en las palabras de Karim Adarvez, desvanecieron todos los prejuicios de la entrevista con el judoca sanjuanino que sabe mejor que nadie lo que es tatami.

Adarvez defiende los colores del Club Boca Juniors desde el 2017, lo que le permitió después de un par de torneos calzarse la de la  selección argentina, mientras busca insertarse en el rodaje mundial. Y tal como reza el dicho, el deporte es federal, pero Dios atiende en Buenos Aires, empezó a recorrer su propio camino, aunque lejos de casa. “Hace tres años que lucho representando a Boca Juniors”, comentó Karim, que al principio viajaba dos veces al año dadas sus obligaciones con el Profesorado de Educación Física que cursaba en San Juan, agregando un par de semanas de entrenamiento en el club de La Ribera. Ese roce no solo le sirvió para perfeccionar la técnica, sino que también apuró la madurez en lo competitivo.

El judo en Boca trascendió su nivel, cuando hace dos décadas tomó las riendas el cubano Ronaldo Veitía Quiñones, un entrenador heredero de un apellido ilustre en el arte marcial. Ahora está bajo la mirada de Claudio Repeto, que lo espera al sanjuanino mientras se prepara en la parte física en un gimnasio capitalino. “Estar en Boca es estar en uno de los clubes más grandes del mundo”, aclarando que no quiere mezclar lo futbolístico. “Todos los años llegan al club japoneses para disertar y mostrar nuevas técnicas y se sienten muy identificados con la institución”, lo que el joven aprovecha al máximo con los contactos directos con la Meca del Judo.

Poco antes que en nuestro país se decrete la fase 1 de la Cuarentena por Covid – 19, Karim demostró estar en la senda correcta consiguiendo una medalla en el Abierto Panamericano que se disputó en la ciudad de Bariloche, llegando al tercer escalón del podio en la categoría Senior hasta 66 kg, para continuar en su escalada. De esta forma, embolsó 50 puntos que lo llevaron al puesto 226 del Ranking Olímpico y 225 en el WRL (Ranking Mundial). “Estaba realizando el campo de entrenamiento en Bariloche el 10 de marzo y nos avisaron que en Europa se suspendieron los Torneos de Tour Mundial y también, a nivel Panamericano. Así que la gira panamericana quedó en veremos, porque desde Río Negro se viajaba a Santiago de Chile y de ahí, a Perú. Volví a Buenos Aires y alcancé a tomar uno de los últimos vuelos, creyendo que venía a San Juan por quince días, y todavía estoy acá”, comentó el subcampeón nacional Senior, esperanzado que todo se encarrile como estaba previsto.

 

Entre sus próximos planes se encuentra un Campo Internacional en Madrid, con el campeón olímpico de su categoría (NdeR: Oro en – 66 kg en Río 2016), el italiano Fabio Basile, y otro en Alicante donde van las selecciones que tienen el peso pesado en la especialidad, que tendrían lugar entre septiembre y octubre de este extraordinario 2020.  “Al estar tan cerca del circuito europeo, la idea es continuar con las competencias de Gran Prix y Copas Europeas para sumar puntos para los JJOO, pero todo está sujeto a estas modificaciones por la pandemia. En Buenos Aires, por el momento no se puede entrenar, por lo que me solidarizo con mis compañeros. Por suerte, en nuestra provincia, gracias a los Protocolos se puede preparar la parte física», reconoció el judoca.

En la rutina actual, se está formando física, técnica y tácticamente, y le da importancia es al entrenamiento emocional. «Porque podés tener un gran desarrollo técnico y físico, pero si tu cabeza no está preparada para este tipo de competencias, y no lográs una convicción para ese objetivo que planificaste es muy difícil que se concrete», aclaró Karim, porque a pesar que no conoció el judo por casualidad, aprendió a manejar los hilos más finos con la sutileza del mejor enhebrador.

La pausa se hizo presente en la charla, que hasta este punto era puro dinamismo, porque la explicación basada en lujo de detalles, mostraba de Karim su costado pedagógico. Sin dudarlo, después de varios segundos de un silencio activo, manifestó un sentimiento tan profundo que pareció trastabillar con su peor oponente: el recuerdo reprimido de una adolescente. «Cuando tenía trece, catorce años, en la escuela sufrí de bullying, con cargadas de un compañero que me tomó de punto, nunca he sacado este tema a la luz, porque no me considero como una víctima. Pero, un amigo me dijo que aprendiera a defenderme y hacerme respetar. En ese momento mis padres se habían separado y pasé por diferentes emociones para lo que no estaba preparado. Comencé a practicar artes marciales en una escuela de Kung Fu y ahí conocí a un instructor que me llevó a la práctica del Judo. Desde que empecé, no lo abandoné. Yo venía de la gimnasia artística y deportiva, pero en el Judo encontré que con la lucha podía ser yo mismo», expresó. Después, la resiliencia hizo lo propio y llegarían las alegrías con los resultados de las competencias.  «Los primeros torneos fueron locales, y con apenas un mes de entrenamiento. Tanto me gustó, que mejoré en mis resultados que a los dos años, siendo Kiu Novicio, después Kiu Graduado, recorrí otras provincias, y en Córdoba gané mi primer torneo en Senior, siendo juvenil», describió con una sonrisa sobre lo transitado en esa época llena de sueños y metas por alcanzar.

Estuvo en un preseleccionado argentino juvenil, y aunque el ingreso a no se dio en su momento, en el 2019 la vida se cobró revancha para llegar a las ligas mayores. Su primera representación con la celeste y blanca fue en los Juegos Panamericanos Universitarios con dos medallas de bronce, en categoría individual y por equipo. Por estos días, con una cuarentena más que movidita pasó por diferentes etapas para mantenerse en el nivel más alto. Primero, con el préstamo de aparatos de funcional de su Preprarador Físico, Pablo Nale. Después llegaría un poco más de peso y cuando cuando se dio el permiso desde el Gobierno de San Juan para la apertura, bajo protocolo, en los gimnasios, puso el pie en el tatami, tratando de elevar los niveles de fuerza, pensando en un futuro a corto y a largo plazo, para transferir todo lo que entrenó, pensando que el trabajo de hoy, sirve para mañana.

Para Karim Adarvez los límites no existen. “En lo deportivo no tengo techo. Y citando a mi entrenador de Boca, cuando el año pasado luché en un certamen nacional, el Campeonato Centro de la República, donde quedé tercero y sumé muy pocos puntos. él me dijo que ‘no quiero que ganes, sino que dejes a la vista que tu desarrollo técnico y táctico está por sobre el nivel y los límites que podés llegar‘. Eso, lo terminé de comprender en el Nacional del año pasado que, si bien perdí la final, pero pasé cinco luchas que las gané en menos de un minuto y medio. Ahí me di cuenta que, realmente no hay límites. Siempre hay una motivación para mejorar».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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